88. ¿La Escritura es verdad sólo de forma limitada? La verdad de la Biblia según la Pontificia Comisión Bíblica

07 DE SEPTIEMBRE DE 2014
La “Renovación Bíblica” es uno de los movimientos más significativos que han precedido y han seguido al Concilio Vaticano Segundo (1962-1965). Después de siglos de prohibir la circulación de la Biblia en las lenguas vernáculas y de vetar el acceso a la misma, la Iglesia Católico Romana hace un gran esfuerzo para volver a conectar con las Escrituras. En la encíclica de León XIII Provvidentissum Deus (1893) se defendía un alto concepto de la inspiración de la Biblia mientras que en la encíclica Divino Afflante Spiritu (1943) de Pío XII se acogieron los métodos histórico críticos en la exégesis católica. Estas dos declaraciones magisteriales son las pistas en las cuales puede encontrarse la actual aproximación católico romana a la Biblia. Un reconocimiento tradicional de la Biblia como libro inspirado, por una parte, y una lectura crítica que cuestiona la claridad y la finalidad de las Escrituras, por la otra, son los dos polos que abren la puerta a la intervención del Magisterio para la interpretación de las Escrituras.
La Constitución Dogmática Dei Verbum (1965) del Vaticano II es la más alta declaración autoritativa sobre la Biblia que combina los dos aspectos dentro del marco de una dialéctica triangular entre la Tradición, la Escritura y el Magisterio. El Papa Benedicto XVI hizo un compendio de Dei Verbum en su carta Verbum Domini (2010) en el que dice que la Palabra de Dios “precede y trasciende la Sagrada Escritura; sin embargo ésta, en cuanto inspirada por Dios, contiene la palabra divina” (17). Aquí encontramos la clásica referencia a la inspiración, pero también la precedente existencia de la Tradición que envuelve a la Biblia y que habla a través del Magisterio de la iglesia. Según la enseñanza católica la Biblia “contiene” únicamente la Palabra y esta diferencia entre la Escritura y la Palabra permite tanto la lectura crítica de la Biblia como la necesidad de una autoridad humana para discernir lo que contiene y lo que no es así.
El más reciente pronunciamiento sobre esta doctrina es un extenso documento publicado por la Pontificia Comisión Bíblica (22 febrero 2014), que es el grupo de estudio oficial del Vaticano de los asuntos bíblicos. El título capta bien el tema discutido: “La Inspiración y la Verdad de la Sagrada Escritura”. Este texto de 250 páginas es básicamente una elaboración de lo que Dei Verbum había argumentado en lo que se refiere al alcance de la infalibilidad bíblica, es decir, que la Biblia “enseña sin error, la verdad que Dios quiere poner en las escrituras sagradas en aras de nuestra salvación” (11). Aunque, ¿cuál es el significado de relacionar la inerrancia con “el bien de nuestra salvación”? ¿Es, entonces, una clase de infalibilidad que está limitada solamente al mensaje de la salvación? ¿Qué pasa con el resto de la Biblia? ¿Es sin error? Y, ¿cómo puede distinguirse lo que está relacionado con la salvación del resto? Y, ¿quién puede discernir lo que es sin equivocación de lo que es controvertible? La teología católico romana ha estado discutiendo estos temas desde el Vaticano II y la Pontificia Comisión Bíblica ha entrado ahora en este debate tan importante.
El documento intenta reafirmar y expandir los aspectos más destacados de Dei Verbum. La verdad de la Biblia se afirma pero se relaciona al “proyecto de salvación”(3), el “plan salvífico”(4) y “nuestra salvación”(63). La visión general bíblica detallada sobre la verdad de la Escritura se entiende como una limitación de la inerrancia del texto a su propósito soteriológico. En cuanto al resto, “en la Biblia encontramos contradicciones, inexactitudes históricas, relatos improbables, y en el Antiguo Testamento hay preceptos y mandamientos que están en conflicto con la enseñanza de Jesús” (104). Más concretamente, las narraciones abrahámicas están más consideradas como interpretaciones que como hechos históricos (107), el cruce del Mar Rojo está más interesado en describir el Exodo que en relatar sus eventos originales (108), la mayor parte del libro de Josué tiene escaso valor histórico (127) y la historia de Jonás es una leyenda imaginaria (110). En el Nuevo Testamento, la referencia al terremoto en la narración de la pasión es un “adorno literario” más bien que un informe histórico (120). De manera más general, los Evangelios tienen un valor normativo al afirmar la identidad de Jesús, pero sus referencias históricas tienen una “función subordinada” (123): en otras palabras, la teología de los Evangelios es válida, pero su fiabilidad histórica es menos importante. La forma en que pueden distinguirse ordenadamente los dos aspectos no se explica. Al final, la verdad de la Biblia queda “restringida” a lo que dice sobre la salvación (105).
Otra sección del documento trata de los “temas éticos y sociales” planteados por la supuesta verdad de la Biblia, p.e., el problema de la violencia y el lugar de la mujer. Los duros y “ofensivos” textos de la Escritura (p.e. los relatos de conquistas y los salmos imprecatorios) no se leen en los servicios católicos debido a la “sensibilidad pastoral” (125). Según el documento, es difícil de explicar cómo pueden ser aquellos Palabra de Dios. De nuevo, el criterio estándar para discernir la infalibilidad del texto es “mirar lo que dice acerca de Dios y la salvación de los hombres” (136), dejando el resto a las lecturas histórico críticas y a las sensibilidades del tiempo. En una enérgica declaración final, el documento dice que “el objetivo de la verdad de la Escritura es la salvación de los creyentes” (144). La consecuencia es que lo que la Biblia dice más allá de la salvación (independientemente de la definición) no tiene que tomarse como necesariamente cierto en el mismo sentido.
¿Qué hay del papel de la Iglesia en este asunto? Comoquiera que la verdad de la Biblia no es completa sino que necesita discernirse según su propósito salvífico, es la Iglesia la que media en la aceptación y la proclamación de la verdad de la Sagrada Escritura (149). Es la Iglesia (la Iglesia Católico Romana) la que selecciona y limita lo que es la verdad de la Escritura. Entonces, de acuerdo con este documento, la Biblia es verdad hasta donde su mensaje de salvación se refiere y en la medida en que la alta crítica dicta. En última instancia es la Iglesia la que define la verdad de la Escritura y reglamenta sobre ella.
El documento de la Pontificia Comisión Bíblica “La Inspiración y la verdad en la Sagrada Escritura” argumenta a favor de una “inerrancia limitada” de la Escritura (restringida al mensaje de la salvación) y reitera los puntos de vista histórico críticos sobre la no fiabilidad de las narraciones históricas tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento. Es una combinación católico romana de enfoques tradicionales y críticos de la Biblia que finalmente exalta el papel de la Iglesia. Al tiempo que hay una satisfacción por algunos frutos conseguidos por la “renovación bíblica” que tiene lugar en el catolicismo romano, especialmente en cuanto al estímulo que se ofrece a todo el mundo a leer las Escrituras, la batalla por la verdad de la Escritura todavía brama. De ninguna manera Roma se ha acercado a la Sola Scriptura, es decir, la obediencia a la auto fidedigna Palabra de Dios, escrita por los que verdaderamente fueron testigos de la persona y de la obra de Jesucristo. El catolicismo romano ha matizado su posición y ha relajado los afilados bordes de su oposición, pero todavía mantiene la preeminencia de la Iglesia sobre la Biblia.
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86. Redefining Fraternity. At What Cost?

August 11th, 2014

“Where is your brother?” asked God to Cain (Genesis 4:9). This standing question challenges all people not to harm one’s brother. The assumption though is that the identity of the brother is clear enough. Therefore the issue is: who is my brother? The Bible has two answers to this question: brothers and sisters are those who belong to the same family group. Jesus had brothers and sisters (Matthew 13:55-56), i.e. people who were part of his inner family circle. According to Scripture brothers and sisters are also those who do the will of the Father who is in heaven (Matthew 12:50), i.e. people who belong to the same spiritual family that has God as Father, Jesus as Lord and Savior and the Spirit as guarantee. On the one hand there is the natural family (or people group) and on the other there is the “household of faith” (Galatians 6:10).

What about the rest? The Bible says that all other people are “neighbors”, people who are around us, near or far, but who live where we live and share part of our journey. “Who is my neighbor?” (Luke 10:29) is the other standing question for all people. Neighbors are all those who are next to us and we are called to love them as ourselves (Matthew 22:39).

Towards a Genuine Fraternity Between Christians and Muslims?

The Bible draws a distinction between natural or spiritual brotherhood and general neighborhood, though the Vatican no longer recognizes such a distinction. In a message sent to Muslims at the end of  Ramadan and significantly entitled “Towards a genuine fraternity between Christians and Muslims” (June 24th, 2014), the Pontifical Council for Inter-Religious Dialogue reaffirmed the idea that Christians and Muslims are “brothers and sisters”. The message itself traces the origin and the official endorsement of this language from John Paul II to Francis:

Pope Francis … called you  “our brothers and sisters” (Angelus, 11 August 2013). We all can recognize the full significance of these words. In fact, Christians and Muslims are brothers and sisters in the one human family, created by the One God. Let us recall what Pope John Paul II said to Muslim religious leaders in 1982: “All of us, Christians and Muslims, live under the sun of the one merciful God. We both believe in one God who is the creator of man. We acclaim God’s sovereignty and we defend man’s dignity as God’s servant. We adore God and profess total submission to him. Thus, in a true sense, we can call one another brothers and sisters in faith in the one God.” (Kaduna, Nigeria, 14 February 1982).

What is happening here is the blunt re-definition of what it means to be brothers and sisters. First, while being “in Christ” becomes only one way of being brothers and sisters, fraternity is extended to all those who live “under the sun”, i.e. “the one human family”. Secondly, as far as Muslims are concerned, fraternity is further consolidated by the shared belief in “one God” whom is adored by both Christians and Muslims. The result is that they are truly “brothers and sisters in faith in the one God”.

An Unwarranted Stretch

The re-definition of what it means to be brothers and sisters is an attempt to blur what the Bible expects us to distinguish. Neighbors become brothers and sisters. Our common humanity takes over the spiritual connotation of being “in Christ” as the basis for the shared fraternity. What are the implications of such a stretch? Here are two main ones.

First, Popes John Paul II and Francis are taking the responsibility to reconstruct Biblical language forsaking its own meaning and reshaping it at the service of the Roman Catholic view of the Church representing the whole of humanity, Muslims and all others included. The assumption is that the finality of Scripture is undermined, the clear meaning of Scripture is questioned and the living tradition of the Church is thought of being entitled to “actualize” Scripture by way of changing its plain message.

Second, there is a whole set of crucial issues related to this re-definition. What does “genuine fraternity” mean in theological and soteriological terms? It seems to mean that the Biblical God and the Muslim Allah are the same God who accepts worship indifferently, both in the Christian way and in the Muslim way. After all, we are all “brothers and sisters” under Him. Moreover, it seems to imply that, as brothers and sisters “in faith in the one God”, Christians and Muslims will ultimately be saved as Christians and Muslims. The universality of salvation is clearly envisaged, if not openly stated. This message is a further extension of the very “catholic” theology stemmed from Vatican II which shifted the locus of salvation from the profession of the faith in Jesus Christ to the shared humanity of all created beings. However it remains to be seen whether or not this is biblical at all.

Beside these serious biblical flaws, you don’t need this re-defined fraternity to love Muslims and to seek to live in peace with them, as the Vatican message wants everybody to do. There is no reason to distort the plain words of Scripture: a biblically defined neighborhood is more than sufficient to promote civic engagement and peaceful co-existence with all men and women.

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