61. Lumen Fidei, primera Encíclica del papa Francisco

La fe de la LF es la fe que el Concilio de Trento definió en sus decretos y cánones. Parte del lenguaje llega a ser evangélico, pero su núcleo teológico es católico romano.

14 DE JULIO DE 2013

Como maestros supremos de la Iglesia Católico Romana (ICR), los Papas escriben encíclicas para exponer los aspectos de la fe cristiana católica que consideran que pueden ser particularmente relevantes o importantes para la gente de su tiempo.

Las encíclicas marcan el perfil teológico de un pontificado determinado y proporcionan un útil enrejado interpretativo del mismo. Por consiguiente, es interesante leer la primera encíclica del Papa Francisco que fue presentada oficialmente el 5 de Julio de 2013 y se titula:  Lumen Fidei  (LF), (La Luz de la Fe).

Es la primera obra articulada teológicamente desde que se convirtió en el Papa Francisco.

PROYECTO ORIGINAL DE BENEDICTO XVI
El primer elemento que cabe destacar es que realmente es un trabajo que procede de Benedicto XVI, ahora Papa emérito.

Ratzinger había planeado una trilogía de encíclicas sobre las virtudes teológicas del Amor, la Esperanza y la Fe (en este orden). A este respecto escribió  Deus Caritas Est  (Dios es Amor, 2005) y  Spe Salvi  (Salvados por la Esperanza, 2007) y estaba a punto de publicar la última sobre la Fe, habiendo ya completado el primer borrador.
Su inesperada dimisión trajo consigo una interrupción de la misma. Como es de suponer pasó el manuscrito a Francisco quien pensó que sería una buena idea publicarlo como una parte de su misma enseñanza y posteriormente añadir “algunas contribuciones” de su propia cosecha (7).

Nos enfrentamos, por lo tanto, a una encíclica firmada por Francisco, pero conformada en gran medida por Benedicto XVI.

La contribución de Ratzinger es evidente a través de todo el texto. Casi todas las citas proceden o bien de la tradición alemana (p.e. F. Nietzsche, 2; M. Buber, 13; R. Guardini, 22; L. Wittgenstein, 27; H. Schlier, 30) o de la mayor cultura europea (Dante, 4; J.-J. Rousseau, 14; F. Dostoevsky, 16; J.H. Newman, 48; T.S. Eliot, 75).

Queda claro que un erudito como Ratzinger está detrás de estas discusiones. El muy amado Agustín es, con diferencia, el Padre de la Iglesia más citado (p.e. 10, 15, 19, 23, 31, 33, 43, 48). La teología de Agustín fue el sujeto del doctorado de Ratzinger. Los temas y el matiz del pensamiento de Ratzinger también están fuertemente reflejados en la forma en que sus encíclicas tratan los asuntos de la verdad y el relativismo (p.e. 25) o la modernidad y su “totalitarismo” que excluye la fe (p.e. 54).

Aparentemente Francisco encuentra satisfactorio todo esto y, por lo tanto, no hace cambios ni modificaciones.

LF recuerda “el don de la sucesión apostólica” a través de la cual la memoria de “la” Iglesia tiene garantizada la continuidad (49) y la encíclica en sí misma testifica la sucesión ininterrumpida del Papado incluso en lo que se refiere a la doctrina.

LENGUAJE “EVANGÉLICO” PERO …
LF es una larga reflexión sobre la fe, dividida en cuatro partes. Empieza con el carácter bíblico de Abraham y la subsiguiente historia del pueblo de Israel. El lenguaje es bíblico (p.e. la fe se aparta de la idolatría, 13) y el tono es evangélico (p.e. la fe es un “encuentro personal”, 13). Hay un punto en que el texto va tan lejos como para decir que “Creemos en Jesús cuando lo acogemos personalmente en nuestras vidas y viajamos hacia él, aferrándonos a él en el amor y siguiendo sus pasos a lo largo del camino” (18).

Quedándose aquí se puede pensar que éste es un documento evangélico que acentúa el lenguaje personal de la fe. Pero, no es toda la historia. Si se sigue leyendo se encuentra una sección titulada “La salvación por la fe”. Se observa la ausencia del adverbio “sola”, la cual es desde luego fundamental para una comprensión evangélica de la salvación.

La Reforma Protestante del siglo XVI insistía en que la salvación es “por la fe sola”, pero desde el Concilio de Trento, la Iglesia Católico Romana no ha aceptado la doctrina de la salvación por la gracia sola a través de la fe sola.

En realidad, Francisco escribe que “el principio de la salvación es la apertura a algo más importante que nosotros mismos” (19).

La fe, indica el Papa, es únicamente el comienzo del proceso, pero el viaje del creyente requiere la fe más las obras, la fe mediante los sacramentos y la fe con la Iglesia que imparte los sacramentos. En otras palabras, la fe de la LF es la fe que el Concilio de Trento definió en sus decretos y cánones. Parte del lenguaje ha llegado a ser evangélico, pero en su núcleo la sustancia teológica es católico romana.

FE SACRAMENTAL
La tercera parte de la LF se explica con más detalle. En ésta Francisco (y Benedicto) quieren subrayar el hecho de que la Iglesia es “la madre de nuestra fe”(37-38).

Nuestra fe nunca surge en nosotros como individuos, sino que nos precede y nos sigue. Es mediante “la Tradición apostólica preservada por la Iglesia” que la fe nace y es alimentada. Citando al Vaticano II, Francisco escribe que “la Iglesia, en su doctrina, su vida y su culto, perpetúa y transmite a cada generación todo lo que ella misma es, todo lo que cree” (40).

Ya no es la Palabra de Dios la que guía el camino, sino “la” Iglesia. La forma en que lo hace es a través de los sacramentos. En un revelador pasaje, LF dice que “la fe en sí misma posee una estructura sacramental” (40). Según LF, la fe es un encuentro personal, pero la fe también se recibe mediante los sacramentos. Son las dos caras de la misma moneda. Lo que sigue es una breve explicación de la doctrina católico romana de la regeneración bautismal (41-43) y de la Eucaristía (44-45), las cuales son la puerta de entrada a la fe y a su más alta expresión. El Papa continúa diciendo que esta doctrina es una y la misma, es decir, las dimensiones sacramentales y personales de la fe son indivisibles (47-49).

Como es común en las encíclicas, LF también termina con una invocación a María, “Madre de la Iglesia, Madre de nuestra fe”(58-60). Mientras los discípulos pidieron al Señor que les aumentara su fe (Lucas 17:5), LF acaba con una oración a María: “¡Madre, ayuda a nuestra fe!”.

Lumen Fidei representa la apropiación actual del lenguaje evangélico por parte de importantes sectores de la Iglesia Católico Romana. Empezó con la “evangelización” y ahora continúa con la fe como “un encuentro personal”.

El Papa Francisco parece estar liderando el camino en este proceso. Esta apropiación, no obstante, debe ponerse en el contexto de la doctrina católico romana tradicional que es tridentina, sacramental y mariana.

 

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60. 100 Days with Pope Francis

March 12th 2013, Cardinal Bergoglio was elected to the chair of Peter becoming Pope Francis, the 266th Pope of the Roman Catholic Church. This count takes for granted that Peter was the first Pope and that an unbroken chain of successors followed up to now. This theological account of Church history is, of course, disputable but that is not the point here. The point is to take advantage of this symbolic event to begin to see what is emerging as far as Francis’ interpretation of the Papacy is concerned.

On-Going Exposure

Francis speaks every day in public. He celebrates Mass every morning at 7:00 AM and a summary of his daily homily quickly becomes available for the media. The gist of it is twittered. His speeches are much simpler and shorter than Benedict XVI’s, the language is plain, and the structure often highlights single important words which form the bulk of his reflection. There is always a personal application and the recipient of it is “us” rather than “you” or “them”. He uses many fewer quotations from Church tradition (the Church Fathers were always present in Ratzinger’s talks) and more references to daily episodes of life and Bible quotations. Francis likes to be surrounded by people. He chose not to live segregated in the papal apartments but to stay in the guest house in the Vatican, sharing the dining room and other common spaces with others. His Wednesday’s public audiences in St. Peter’s square are less concentrated on words and more devoted to personal interactions. He normally goes around the square, stopping his papamobile here and there to touch people, kiss babies, and play with children exchanging hats and receiving gifts. The emotional aspect prevails over the cognitive one. Francis is less of a hieratic, unreachable Pope and more of an “older brother” or fatherly type of Pope who is showing all his charming personality.

From the End of the World to the Edges of the World

As soon as he was elected, Francis told that he was coming from “the end of the world”. Ratzinger had come from the “heart” of Europe, he comes from the ends of the globe from a Euro-centric or Western perspective. He is conscious of his origins in the Global South and his background also determines his goal. He often says that the mission of the Church is to go to the peripheries of the world and to be attracted by those who are outside of the various centers of power and influence. Where he comes from is where he wants to go. Now that he leads the “center” of a global institution, it will be interesting to see what going to the peripheries will mean for a centralized and self-referential organization like the Vatican. Francis seems to be willing to shift the attention to the ends of the world, geographically and socially.

Infiltration Rather Than Confrontation

His style of argumentation is also coming through. Whereas Ratzinger used to be seen as confrontational in his approach to Western culture (often banging on the head of “nihilism”, the “dictatorship of relativism”, etc.), Bergoglio is perceived as a mild person who stirs attention rather than hitting his hearers. On life issues he is traditional but not in an irritating way for secular people. On marriage he is conservative but capable of maintaining an open dialogue with the gay lobby. His strategy seems to be that of infiltration rather than confrontation. On the inter-faith dialogue he always stresses the brotherhood of all religious people, leaving aside the controversial issues. Mercy has the final word. He has an embracing attitude rather than a tug-of-war approach.

Spiritual Ecumenism

This fraternal mood is also true as far as ecumenism is concerned. Francis talks a lot about Christian unity and emphasizes the importance of common prayer and brotherly relationships. Technically, this is what “spiritual ecumenism” is all about, i.e. unity that is expressed in joint prayer, although he has not been using this language so far. All non-Catholic counterparts, from Liberal Protestants to many Evangelicals, seem to like this and have the impression that he is rather easy-going as far as unity is concerned. He recently told the audience in St. Peter’s square that he had spent half an hour in prayer with an Italian Evangelical pastor (June 19th). Less people paid attention to what he had just said before, i.e. that unity means being in fellowship with the Pope and the bishops. Beyond the seemingly Pauline language, he endorsed the Roman Catholic view that unity means to be cum Petro (with Peter) and sub Petro (under Peter). The relationship with the Pope defines Christian unity. Meanwhile, he has been outspokenly Marian in his devotions and very Eucharistic-centered in his teaching.

Poverty, Poverty …

Poverty is a catchword of Bergoglio’s pontificate. The choice of the name Francis was indicative of an entire program. He has certainly given a more sober bent to what it means “to live like a Pope”. He wears an iron cross, instead of a golden one. He uses less luxurious vestments. He calls for a simple lifestyle. In commenting on the recent financial scandals, he humorously said that Peter did not have a bank! The problem is that the Pope has a bank! Will Francis have the courage to close it? The reference to Francis of Assisi marks his grandeur but perhaps his limits as well. Francis spoke of poverty and lived in poverty in the XIII century, but the Church he submitted to remained opulent and went on pursuing its mundane affairs. Will Pope Francis be able or willing to implement Church practices that are marked by simplicity and frugality? Perhaps we should wait another 100 days to answer.

Leonardo De Chirico

Rome, 22nd June 2013

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