75. La Teología de la Liberación, la Hija Pródiga

08 DE MARZO DE 2014

Hubo un tiempo, hace sólo unos pocos años, cuando la simple referencia a la “Teología de la Liberación” hacía arquear muchas cejas en el Vaticano. Aquellos tiempos ya han pasado. Lo que se percibió e incluso se denunció públicamente como una de las más peligrosas amenazas a la que se enfrentaba la Iglesia Católica, se ve ahora como una legítima, por no decir también necesaria, corriente de su vida en constante expansión.

 La Teología de la Liberación como era entonces

 “La Teología de la Liberación”  es el título de un influyente libro publicado en 1973 por el teólogo peruano Gustavo Gutiérrez en el cual defendía la idea de que la teología debería estar al servicio de la liberación “integral”, es decir, la libertad económica y espiritual que surgiría como resultado de la justicia social. Era una nueva forma de hacer teología que priorizaría más el clamor de la gente “desde abajo”, que las expectativas de la jerarquía eclesiástica intelectual “desde arriba”. Haría su camino de abajo hacia arriba más bien que de arriba hacia abajo y consideraría a los pobres como el principal actor teológico antes que recibir el final de las decisiones tomadas por los ricos. También denunciaría como opresivo el  status quo  capitalista que en cambio la Iglesia Católica ha asumido en Latinoamérica. Otros destacados exponentes son Leonardo y Clodoveo Boff de Brasil, Jon Sobrino de España y Juan Luis Segundo de Uruguay.

Sus críticos relacionaron la Teología de la Liberación con la ideología marxista, la antropología materialista y la política revolucionaria, que cambiaría drásticamente la enseñanza y la práctica tradicionales de la Iglesia. La Iglesia Católica reaccionó enérgicamente contra la misma. Juan Pablo II, al tiempo que “de palabra” aparentaba estar de acuerdo con las inquietudes expresadas por la Teología de la Liberación, fue muy activo en tratar de silenciarla tanto como pudo. A mediados de la década de los ochenta su perro guardián teológico, el Cardenal Ratzinger, entonces a cargo de la Congregación para la Doctrina de la Fe, trabajó muy duro para limitar su influencia. Esos días se han acabado. ¿Por qué?  Mutatis mutandis , ¿la Teología de la Liberación ha cambiado su mensaje fundamental o la Iglesia ha modificado su postura? Lo último parece ser lo cierto.

 La Teología de la Liberación como es ahora

Dos variaciones sustanciales han hecho posible este cambio. Una es, por supuesto, que desde el año 2013 el Papa es latinoamericano. Si bien no se puede clasificar a Francisco como liberacionista, comparte, no obstante, la preocupación por los pobres, el interés por los límites del mundo y el reconocimiento del catolicismo popular. El, sencillamente, parece que no ve las categorías marxistas funcionando en y mediante lo que la Teología de la Liberación intentaba articular. El “Evangelio suave” del Papa pone menos énfasis en los temas ideológicos y teológicos y al hacerlo así ha suavizado significativamente la controversia. El otro cambio es que el actual dirigente de la Congregación para la Doctrina de la Fe es el Cardenal Gerhard Ludwig Müller (desde 2012), alemán al igual que Ratzinger pero, a diferencia de su predecesor, discípulo y admirador de Gustavo Gutiérrez. Roma está ahora en la posición de valorar de nuevo la Teología de la Liberación, incluso más allá de las pasadas evaluaciones críticas y las medidas disciplinarias.

Dos libros recientes escritos por Müller ilustran la forma en que el Vaticano contempla ahora la Teología de la Liberación desde una perspectiva completamente diferente. “ An der Seite der Armen: Theologie der Befreiung”  (Del Lado de los Pobres: La Teología de la Liberación) es un título alemán que el Cardenal escribió en 2004 con el propio Gutiérrez. “ Povera per i poveri: La missione della chiesa”  (Pobres para los pobres: La misión de la Iglesia) es un título que acaba de publicarse en 2014 por la Vatican Press.

En estos libros tan sofisticados, Müller argumenta que la Teología de la Liberación es una teología “regional” que encuentra su hogar en la “catolicidad” de la Iglesia Romana y continúa con la teología clásica de la iglesia. Fue precedida por la  Nouvelle Théologie  (Nueva Teología) la cual antecedió al Vaticano II y con posterioridad fue preparada por la teología de Karl Rahner. Desde Henri De Lubac, la Teología de la Liberación aprendió que la gracia obra dentro de la naturaleza y no fuera de ella. Desde Rahner adoptó la idea de que la gracia se encuentra ya en la naturaleza y no es algo ajeno a la misma. Desde el punto de vista de Müller, la Teología de la Liberación es una aplicación regional de lo que la corriente principal de la teología católica había ya afirmado antes y después del Vaticano II.

La Teología de la Liberación ya no se considera como una pseudo teología empapada de la ideología marxista, sino una hija plenamente reconocida de la Iglesia que se tomó seriamente la reorientación que el Vaticano II dio a la teología católica y la puso en práctica en el contexto particular de Latinoamérica. Este es el último ejercicio de la catolicidad romana, por el cual algo que está en aparente conflicto es visto en su lugar como una parte del todo, o sea, la síntesis católico romana.

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74. The UN, the Vatican, and their Political and Theological Abuses

February 14th, 2014

The United Nations’ report on Vatican child protection efforts (5th February) has stirred many reactions on various fronts. In regard to the Catholic Church’s approach to dealing with cases of pedophilia, the UN Committee on the Rights of the Child has assessed the situation and pointed out some remaining areas of opacity in Vatican procedures concerning such matters. The Committee has also taken the opportunity to recommend certain changes in the ways in which the Catholic Church thinks of reproductive rights and education of sexuality. 

Fighting Abuses and Recommending Politically Correct Changes

For decades cases of pedophilia committed by Catholic priests have been reported without the Church authorities taking immediate action to stop such abuses, to protect the children involved, and to prevent further episodes. The general tendency has been to downplay the reports and safeguard the interests of the institution by trying to maintain the lowest profile possible. Instead of being transparent and honest, the Church has often practiced a self-defensive approach. It needs to be said that Cardinal Ratzinger, then Pope Benedict XVI, has worked hard to change the internal policies and that the attitude of the Roman Catholic hierarchy has varied from place to place, largely depending on the social control that the Church was able to exercise on society and the media.

The UN Committee now surveying the situation acknowledges the improvements and solicits a fully transparent policy against pedophilia. What is perhaps more striking, however, is what the report says beyond pedophilia. The UN document addresses areas such as reproductive rights and discrimination, abortion and contraception and sexuality in general. In recommending stronger actions against sexual abuses against children, it also encourages the Catholic Church to revise its teachings on various “sensible” ethical issues which belong to the traditional Christian moral vision. It criticizes the “conservative” stance on sexuality and pushes for more “progressive” views on life issues. A document that was intended to report on the state of affairs concerning pedophilia is instead become a proposal for re-working the moral teaching of the Church. Is this what a UN agency is meant to do?

Does the Church Need a “Holy See”?

Many observers have rightly criticized this ideological use of a UN report which intrudes on matters that belong to the moral sphere. Some have seen it as an attempt to impose a “politically correct” view on sex and reproductive freedom. Others have questioned the composition of the Committee which is largely influenced by representatives of NGOs that will fight for abortion on demand. All these concerns are matters of serious consideration. The document is more of a “culture war” text than a specific report on a certain issue. The pervasive role of the UN in promoting a secularist “single thought” is apparent. 

Having said all this, there is another fundamental question that is not being addressed, let alone asked by commentators. It is a question that goes beyond the specific contents of the report. Why on earth does the Roman Catholic Church need a “Holy See” for its mission? The Holy See is a sovereign state with full political and diplomatic authority, it’s a territory, an army, and a bank. The Pope is a political monarch. The Holy See is part of the United Nations as a nation among others. Of course, the Holy See is a child of a long historical process whereby the Roman Church in its central institution has developed a dual identity, i.e. a church and a state joined together.

Everyone is a child of its history, but the church should always be ready to change according to the Word of God and concerning things that are contrary to the will of its Master. Jesus Christ, the true head of the church, never intended the church to be a state and its pastors to be political kings. According to the Bible, Caesar and the magistrates have their legitimate authority. While living in the world of Caesar and the magistrates the church has a different calling, not to be confused nor overlapped with the former. While the UN abuses its power in commending a secularist agenda, the Holy See abuses its identity in being what its alleged Lord never wanted it to be. The UN needs to be questioned politically but the Vatican in its institutional outlook needs to be challenged theologically.

 

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