72. Secular Perceptions of Pope Francis

January 6th, 2014

What others understand is an important clue about what we are saying to them. It is true that the filter of the media is highly intoxicated and that it is able to manipulate everything according to its own interests. Interviews and speeches can be arranged by the media in such a way that they become something different than their original intentions and contents. However, what people are taking in is a combination both of what they want to hear and of what we allow them to hear.

In assessing the first months of Francis’ pontificate, the secular media continues to communicate what their perception is concerning what the Pope has said up to this point. On the one hand there is a widespread fascination about his frugal style, charming personality, and engaging language. On the other, there is an appreciation for his “innovative” theology or lack of insistence on traditional tenets of Roman Catholic doctrine. Two recent comments about Francis’ theology deserve some attention.

The Rejection of Church Dogma

Interestngly, on November 20, when Time initially named Francis as a candidate for the “man of the year” award, the website noted that he was nominated for his “rejection of church dogma.” It was only after some pushback from the tweeting world the Time changed the description to read “rejection of luxury.” In truth, Francis has never jettisoned any church dogma, but the perception of the secular media is worth considering. “Rejecting church dogma” is a gross overstatement, but de-emphasizing, marginalizing, and putting doctrine in the background perhaps gets closer to the point. Francis is perceived as a Pope from whom dogma is less important than attitude, mercy more relevant than truth, and generosity of spirit more apt than the affirmation of traditional belief. Some of his statements (e.g. “Proselytism is a solemn non-sense”, “Who am I to judge a homosexual person?”, “Everyone has his own idea of good and evil and must choose to follow the good and fight evil as he conceives them”) have become slogans with which secular people resonate well. They hardly represent a Christian view and it is precisely for this reason that secularists find Francis’ “gospel” a message that is far from church dogma. It is not an open rejection of it, but it is understood as being a significant distancing away from it.

After the dogmatic Benedict XVI, Francis is viewed as a less rigid Pope in terms of doctrine. He is seen as being more relaxed on defending the theological identity of his Church and more committed to focusing on non-divisive issues. Roman Catholics should ask themselves whether him being considered for the “man of the year” honor is a real achievement or istead a matter that should raise concern.

The Abolition of Sin

There is yet another comment that reflects the widespead interpretations of Pope Bergoglio. The editor of the Italian newspaper La Repubblica, Eugenio Scalfari, who had met with Francis and published their conversation a couple of months ago, wrote an articole (December 29) in which he argues that the greatest achievement of the Pope so far is that he has practically abandoned the traditional doctrine of sin. “He has de facto abolished sin”. He is not saying that Francis has openly declared that the official Roman Catholic theology is wrong on its teaching on sin, rather he suggests that Francis sees mercy standing over sin to the point of practically overshadowing it and making it irrelevant. When he speaks about sin, he does so in reference to himself (“I am a sinner”) or to the structural aspects of sin (e.g. the oppression of the poor), but never implying the idea of radical separation from God and divine judgement. He emphasizes that God is present in every person and in so doing he downplays the tragic reality of sin. It is a de facto abolition.

The secularists applaud this development because they generally think that “sin” is the greatest obstacle for the modern conscience in coming to terms with the Christian religion. Whether or not this is a fair assessment of the Pope’s views remains to be seen. It is, however, a matter of fact that his popularity with the media is based on the perception that the Pope is a dogmatically fluid and open-ended Christian leader. Is this an issue entirely dependent on the manipulation of the media or is it also a sign that Francis is actually saying confusing and misleading things? We are now back to where we started, i.e. what others understand is an important clue about what we are saying to them.

 

 

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72. Percepciones seculares del papa Francisco

11 de Enero de 2014

Lo que los demás entienden es una pista importante sobre lo que les estamos diciendo. Es cierto que el filtro de los medios de comunicación está sumamente intoxicado y que pueden manipularlo todo según sus propios intereses. Las entrevistas y los discursos pueden ser arreglados por los medios de comunicación de tal forma que llegan a convertirse en algo totalmente diferente de sus contenidos e intenciones originales. No obstante, lo que la gente toma en consideración es una combinación de lo que ellos quieren oír y de lo que nosotros les permitimos que oigan.

Al evaluar los primeros meses del pontificado de Francisco, los medios de comunicación laicos continúan notificando lo que es su percepción en lo referente a lo que el Papa ha dicho hasta este punto. Por una parte, existe una amplia fascinación por su estilo austero, su encantadora personalidad y su lenguaje atractivo. Por otra parte, hay un reconocimiento a su teología “innovadora” o falta de insistencia en los postulados tradicionales de la doctrina católico romana. Dos recientes comentarios acerca de la teología de Francisco merecen cierta atención.

EL RECHAZO DEL DOGMA DE LA IGLESIA
Curiosamente, el 20 de noviembre, cuando Time en principio nombró a Francisco como candidato al premio “hombre del año”, la página web señaló que se le nominaba por su “rechazo del dogma de la iglesia”. Fue después de algún retroceso por parte del mundo de tweeting cuando  Time  cambió la descripción y pasó a decir “rechazo del lujo”. En realidad, Francisco nunca ha desechado ningún dogma de la iglesia, pero vale la pena considerar la percepción de los medios de comunicación seculares. “Rechazar el dogma de la iglesia” es una tremenda exageración, pero restar importancia, marginar y poner la doctrina en segundo plano tal vez se acerca más al punto deseado.

A Francisco se le percibe como un Papa para quien el dogma es menos importante que la actitud, la misericordia más pertinente que la verdad y la generosidad de espíritu más conveniente que la afirmación de la creencia tradicional. Algunas de sus declaraciones (p.e. “El proselitismo es un solemne sinsentido”, “¿Quién soy yo para juzgar a una persona homosexual?”, “Cada uno tiene su propia idea del bien y del mal y debe elegir y seguir el bien y combatir el mal en la forma en que los concibe”) se han convertido en slogans que resuenan bien entre los seculares. Apenas representan la visión cristiana y es precisamente por este motivo que los laicos hallan en el “evangelio” de Francisco un mensaje que queda lejos del dogma de la iglesia. No es un rechazo abierto del mismo, pero lo entienden como un distanciamiento significativo.

Después del dogmático Benedicto XVI, Francisco es considerado un Papa menos rígido en términos de doctrina. Se le ve más relajado al defender la identidad teológica de su iglesia y más comprometido en centrarse en cuestiones no divisivas. Los católico romanos deberían preguntarse si el hecho de ser considerado para el honor de “hombre del año” es un auténtico logro o un asunto que debe suscitar preocupación.

LA ABOLICIÓN DEL PECADO
Aún hay otro comentario que refleja las extensas interpretaciones del Papa Bergoglio. El editor del periódico italiano  La Repubblica , Eugenio Scalfari, que se reunió con Francisco y publicó su conversación hace un par de meses, escribió un artículo (29 de diciembre) en el cual argumenta que la mayor consecución del Papa hasta ahora es que ha abandonado prácticamente la tradicional doctrina del pecado. “Ha suprimido  de facto  el pecado”. No está diciendo que Francisco ha declarado abiertamente que la teología católico romana oficial está equivocada en sus enseñanzas sobre el pecado, sino que más bien sugiere que Francisco percibe que la misericordia está por encima del pecado hasta el punto de eclipsarlo prácticamente y hacerlo irrelevante. Cuando habla del pecado, lo hace en referencia a sí mismo (“Yo soy un pecador”) o aludiendo a los aspectos estructurales del pecado (p.e. la opresión de los pobres), pero nunca implicando la idea de la radical separación de Dios y del juicio divino. Subraya que Dios está presente en todas las personas y al hacerlo así minimiza la trágica realidad del pecado. Esto es una abolición de facto .

Los secularistas aplauden esta evolución porque en general piensan que “el pecado” es el mayor obstáculo para que la conciencia moderna haga las paces con la religión cristiana. Si se trata o no de una evaluación justa de los puntos de vista del Papa, está por ver. No obstante, es una cuestión de hecho que su popularidad entre los medios de comunicación se basa en la percepción de que el Papa es un líder cristiano dogmáticamente fluido y abierto. ¿Es éste un tema totalmente dependiente de la manipulación de los medios de comunicación o es también un síntoma de que Francisco realmente dice cosas confusas y engañosas? Ahora volvemos donde hemos empezado, es decir, lo que los demás entienden es una pista importante sobre lo que les estamos diciendo.

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