71. Ecumenismo de sangre

15 de Diciembre de 2013

El hecho de que el Papa Francisco conceda entrevistas tanto a la prensa religiosa como a la secular ya no constituye una sorpresa. La revista Time le eligió “el hombre del año” debido a su acercamiento más abierto y relajado a los medios de comunicación. Esta actitud se expresó en una entrevista que publicó el periódico italiano La Stampa el día 15 de diciembre.La conversación empezaba con una reflexión sobre la Navidad pero después avanzó hacia otros temas, incluyendo interesantes comentarios sobre los puntos de vista del Papa acerca de la unidad de los cristianos.

LA UNIDAD DE LOS CRISTIANOS, ¿ES UNA PRIORIDAD PARA EL PAPA?
Esta pregunta se le planteó bruscamente al Papa Francisco durante la entrevista que le hizo el periodista de  La Stampa.  El respondió lo siguiente: “Sí, para mí el ecumenismo es una prioridad. Actualmente hay un ecumenismo de sangre. En algunos países matan a los cristianos por llevar una cruz o por tener una Biblia y antes de asesinarles no les preguntan si son anglicanos, luteranos, católicos u ortodoxos. Su sangre está mezclada. A los que matan es a los cristianos. Estamos unidos por la sangre, aunque todavía no hayamos conseguido tomar las medidas necesarias para alcanzar la unidad entre nosotros y puede que el tiempo no haya llegado aún… Aquellos que matan a cristianos no te piden tu documento de identidad para ver en que Iglesia fuiste bautizado. Necesitamos tomar estos hechos en consideración”.

Son éstas unas palabras importantes que tienen en cuenta lo que ocurre en el mundo. Los cristianos que sufren persecución en diferentes situaciones minoritarias pertenecen a distintas iglesias y tradiciones, pero son perseguidos principalmente a causa de que su fe pública suscita oposición. Su identidad eclesiástica es definitivamente secundaria. Más que su adhesión a una iglesia (cualquiera que sea) lo que primero importa es su fidelidad a Cristo y su Evangelio. Es su fe personal como seguidores de Jesús lo que incita a la persecución contra ellos. En el mundo global, las distinciones puramente denominacionales y las complejidades ecuménicas tienen muy poco sentido. El corazón del asunto es el corazón del Evangelio.

¿EN QUÉ SE BASA LA UNIDAD?
Hay todavía algo más que decir sobre lo que el Papa expresa concerniente al “ecumenismo de sangre”. Parece que si bien reconoce la impresionante realidad de la persecución de cristianos, sin importar cuales puedan ser sus etiquetas secundarias, el Papa piensa todavía en la unidad en términos de las categorías ecuménicas y católico romanas antiguas. Cuando se refiere al “bautismo” como la marca de la identidad cristiana se hace eco de la idea dominante en los círculos ecuménicos, es decir, que la unidad de los cristianos se basa en el bautismo. Según este punto de vista, ser bautizado significa ser cristiano y, por lo tanto, estar unido a Dios y a los demás cristianos. Esta es la doctrina católico romana estándar  (p.e. Unitatis Redintegratio 3.22)  (La Restauración de la Unidad) y la enseñanza ecuménica (p.e. el “Texto de Lima” de 1982, titulado  Bautismo, Eucaristía y Ministerio ).

El ecumenismo de sangre en cambio se basa en una fe personal en Jesucristo. No es opuesto al bautismo, por supuesto, pero no se basa en el mismo. Es probable que algunos de estos mártires no estén ni tan siquiera bautizados ni pertenezcan formalmente a ninguna iglesia cristiana histórica. Sin embargo, son creyentes en Jesucristo y esto es lo que realmente cuenta para su salvación y nuestra unidad en su conjunto como un cuerpo de creyentes. Por otra parte, muchos que han sido bautizados y son canónicamente miembros de alguna institución religiosa no son cristianos en absoluto. El fenómeno del nominalismo en Occidente demuestra que una persona puede estar bautizada y a pesar de ello ser totalmente contraria o indiferente al Evangelio y a su mensaje. La unidad cristiana no está fundamentada en el bautismo, sino en una fe personal en Jesucristo. Los que están unidos son aquellos que son creyentes cristianos en el sentido bíblico.

REPLANTEANDO EL ECUMENISMO
El ecumenismo de sangre debería servir de estímulo para replantear nuestra teología referente a la unidad de los cristianos, más allá de las consideraciones sentimentales hacia los cristianos perseguidos y con vistas a una mejor comprensión bíblica de lo que es un medio para que la Iglesia sea “una, santa, católica y apostólica”. Según el Vaticano II y otras enseñanzas magisteriales posteriores la unidad de los cristianos debería tener tres cosas en común: profesar la misma fe, celebrar la misma Eucaristía y estar unidos bajo el mismo ministerio sacramental de la sucesión apostólica en sumisión al ministerio papal. Paradójicamente, esta forma de entender la unidad es uno de los obstáculos más grandes para la unidad de los cristianos porque se deduce la unidad a partir de un sacramento administrado por una iglesia y confunde la unidad con estar bajo una determinada institución religiosa. Los mártires a los que se refiere el Papa no encajan en esta definición de la unidad, pero ellos son, no obstante, considerados como los cristianos verdaderamente unidos.

El ecumenismo de sangre demuestra que estas dimensiones no son necesarias para que tenga lugar la auténtica unidad y en cambio sirven únicamente como cargas adicionales y complementarias. El Papa Francisco, sin embargo, ha subrayado debidamente la realidad del ecumenismo de sangre. Pero el tiempo dirá si dejará de hablar de su “prioridad ecuménica” sin hacer nada al respecto o, en su lugar se decidirá a pensar en el ecumenismo más allá de los simples estereotipos ecuménicos e ir hacia unos patrones más bíblicamente garantizados. La unidad de estos mártires con la Iglesia Católico Romana puede que sea “imperfecta”, pero su unidad con Cristo es perfecta y esto es lo que realmente importa.

 Traducción: Rosa Gubianas

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70. Trento, 450 años después

14 de Diciembre de 2013

En este año se cumple el 450 aniversario de la clausura del Concilio de Trento (1545-1563), considerado el acontecimiento más importante de la Iglesia Católico Romana de la era moderna. Un evento conmemorativo especial tuvo lugar en la ciudad de Trento con la presencia de una representación oficial del Papa Francisco.

TRENTO, EN POCAS PALABRAS
El Concilio de Trento fue la respuesta oficial de la Iglesia Católica a la Reforma Protestante del siglo XVI. Los puntos de la Reforma (sola gracia, sola fe, solo Cristo) fueron rechazados, a medida que eran afirmados por los Reformadores (principalmente Lutero), y refundidos en un marco sacramental que destacaba la contribución de las obras humanas y la mediación de los organismos de la iglesia.

En realidad, Trento declaró la incompatibilidad de la Reforma con lo que se había convertido entonces la doctrina oficial de la Iglesia de Roma y la renuencia de ésta en emprender un proceso para una radical revisión desde una perspectiva bíblica. Con el fin de conseguirlo, Trento solidificó la teología de los sacramentos, golpeando con una serie de “anatemas” a aquellos que sostuvieran las creencias protestantes. Trento intervino en el esclarecimiento de la posición romana (mediante decretos y cánones) y poniendo en marcha una cadena de cambios que impactarían la vida de la Iglesia.

Trento no fue un acontecimiento aislado. La fase post-Trento de la Iglesia estuvo marcada por una actitud firme y polémica, primero contra el protestantismo y después contra la modernidad. Si Trento era la reacción romana a la Reforma, el período de los dogmas marianos (1854: la inmaculada concepción de María; 1950: la ascensión corporal de María) y la infalibilidad papal (1870) fueron las respuestas a los desafíos ideológicos de la Modernidad.

LA HERENCIA DE TRENTO
Cinco siglos más tarde, la Iglesia Católico Romana ha adoptado definitivamente un “estilo” pastoral y eclesial diferente del de Trento, pero no lo ha cambiado sustancialmente, ni lo ha negado en su totalidad o en parte. No existe ningún punto del cual el Vaticano II se aleje de la enseñanza dogmática del Concilio de Trento. En el Vaticano II, Trento fue mantenido en un segundo plano pero permaneció dentro del marco del catolicismo romano. El “paradigma Tridentino” se puso, por así decirlo, en una perspectiva histórica, pero no se abandonó ni se olvidó. El Vaticano II ha metabolizado Trento pero de ninguna manera lo ha abandonado.

Con la “Declaración Conjunta sobre la Doctrina de la Justificación” de 1999 entre la Iglesia Católico Romana y la Federación Luterana Mundial, Trento fue actualizado en su lenguaje y en su énfasis, pero quedó reiterado en su sustancia. Las dos posiciones fueron yuxtapuestas y se sostuvieron compatibles, funcionando, por tanto, con un esquema “y-y” que es la quintaesencia de la forma católico romana de desarrollar su sistema doctrinal. Los “anatemas” tridentinos se suprimieron para aquellos que sostienen las doctrinas de la Reforma si se reinterpretaban ecuménicamente, pero el núcleo teológico del catolicismo contemporáneo está impregnado todavía de su contenido tridentino: es la iglesia institucional la que media en la gracia de Dios a través de su sistema sacramental.La sola Gracia” fue y es todavía rechazada. Una clara indicación es el hecho de que no ha cambiado nada en áreas importantes como las indulgencias, el Purgatorio, las prerrogativas sacramentales de la Iglesia, el culto a los santos, etc.

EL PAPA FRANCISCO Y TRENTO
Con ocasión de la celebración oficial de Trento (1º Dic.) el Papa Francisco envió un emisario especial a Trento con una carta suya. En la misma dice que en este aniversario “incumbe a la Iglesia recordar con entusiasmo rápido y atento la doctrina más fecunda que emergió de este Concilio. Ciertamente no sin causa, la Iglesia ya ha concedido por mucho tiempo tanta atención a los Decretos y Cánones de dicho Concilio que han de ser recordados y observados”. “No hay duda”, continua la carta, “que con el Espíritu Santo que inspira y sugiere, concierne especialmente a los Padres no solamente guardar el sagrado depósito de la doctrina cristiana, sino también iluminar con mayor claridad a la humanidad”. El mismo Espíritu, según el Papa, ahora guía a la Iglesia “para restaurar y meditar sobre la más abundante doctrina de Trento”.

Citando a Benedicto XVI, Francisco termina la carta diciendo que (la Iglesia) “es un sujeto que crece y se desarrolla con el tiempo; no obstante, siempre sigue siendo la misma, el único sujeto del Pueblo de Dios perpetuamente en camino”.Es el Papa quien afirma la continuidad entre Trento y la Iglesia Católico Romana de hoy en día. No es una continuidad estática en cuanto que la Iglesia “se desarrolla” con el tiempo, pero es una continuidad en la cual la Iglesia cambia, si bien siempre permanece igual. ¡“y-y”, de nuevo!

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