56. Roma ‘nos roba’ la identidad y las palabras

Cómo el Catolicismo Romano está apropiándose y transformando la genética del vocabulario evangélico con el “caballo de Troya” del “catolicismo evangélico”.

08 DE ABRIL DE 2013

“El principio de la sabiduría es la definición de las palabras” (Sócrates). Si se define una palabra de una cierta forma se hacen afirmaciones sobre una realidad. Nuestra cultura postmoderna nos ha movido a llegar a un acuerdo con el hecho de que las palabras no tienen significados estables sino que existen en un flujo que las conduce en un sentido o en otro, dependiendo de los intereses de sus usuarios. Esta es la situación actual de la palabra “Evangélico”.

BREVE HISTORIA DE LA PALABRA “EVANGÉLICO”
Hubo un tiempo en el cual la palabra “Evangélico” quería decir algo parecido a esto: Bíblicamente, era definida en torno al “Evangel” (es decir, el Evangelio) ya que es verdaderamente testigo de la Escritura.

Históricamente, se la ha relacionado con la Reforma Protestante del siglo XVI y con los avivamientos evangélicos de los siglos posteriores.

Doctrinalmente, ha apuntado a la ortodoxia cristiana, que se centra en el principio formal de la autoridad bíblica ( Sola Escritura ) y el principio material de la justificación sólo por la fe ( Sola gratia and Sola Fide ). Experiencialmente, se dio la mayor importancia a la necesidad de la conversión personal como resultado de una vida transformada. Religiosamente, se ha distinguido (con frecuencia en contraposición a) el Catolicismo Romano, la Ortodoxia Oriental y el Liberalismo.

De John Wycliffe ( doctor evangelicus ) a Carl Henry, de Martin Lutero a John Stott, del pietismo al Movimiento de Lausana, ha habido un significado definido vagamente, aunque compartido de la palabra, que también fue aceptado por lo no evangélicos.

Es verdad que los evangélicos siempre han discutido los detalles minuciosos de lo que la palabra Evangélico significa realmente, con sus pros y contras. Existen estanterías enteras de libros dedicados a estos debates importantes, a veces incluso feroces. Sin embargo, la palabra ha conservado un significado bastante estable que ha fomentado una identidad común y un sentido de pertenencia, describiendo bien una “familia cristiana” a lo largo de los siglos y en nuestro mundo global.

Ahora estamos presenciando un nuevo intento de dar un golpe de manivela a la palabra “Evangélico” con el fin de proporcionarle un significado totalmente diferente.

“CATOLICISMO EVANGÉLICO”, MODIFICANDO LOS GENES
El reciente libro de George Weigel, “Evangelical Catholicism” (Catolicismo Evangélico), (New York: Basic Books, 2013) es una tentativa inteligente de rediseñar esta palabra mediante los siguientes pasos: pasar por alto su enfoque bíblico, cortar sus raíces históricas y sustituirlas por otras, cambiar su punto de vista doctrinal, sustentar y enseñar su “ethos” de forma diferente a lo experimentado antes y renegociar su uso religioso. Dicho de otra forma, esto es una modificación genética de una palabra.

La tesis básica del libro es que el Catolicismo Evangélico (EC, por sus siglas en inglés) es un calificador del catolicismo romano actual tal como surgió del magisterio del Papa León XIII (1878-1903), se expuso en el Vaticano II (1962-1965), encontró su campeón en Juan Pablo II (1978-2005), y fue reforzado de nuevo por Benedicto XVI (2005-2013).

Es un nuevo concepto de la palabra “Evangélico”. Mientras que los eruditos anteriores se referían a este tiempo de la historia católica como marcada por el “ressourcement” (es decir, una nueva apropiación: La Escritura y la Tradición) y el “aggiornamento” (o sea, la actualización del enfoque, no de la doctrina), Weigel lo llama “Catolicismo Evangélico”.

Según Weigel, Evangélico es un adjetivo calificativo, no un nombre. El nombre que lleva el “grueso” del significado es Catolicismo. Curiosamente, lo que solía denominarse “Catolicismo Romano” ahora se ha acortado y es “Catolicismo” solo.

Todos los elementos romanos del Catolicismo Romano son, sin embargo, parte de este “catolicismo evangélico”: los sacramentos, la mariología, la jerarquía, las tradiciones, el papado, las devociones, etc. A este “Catolicismo” Weigel le añade el adjetivo “Evangélico” el cual se refiere fundamentalmente a la profundidad de las convicciones y a la pasión por darlas a conocer.

El EC es un completo y mundial Catolicismo Romano practicado con fuerte ímpetu y con celo misionero. Catolicismo es el “hardware” doctrinal e institucional, mientras que “Evangélico” es el “software” sociológico y psicológico. En definitiva consideran que la doctrina permanece profundamente Católico Romana, pero al estado de ánimo espiritual se le llama Evangélico.

LA PUNTA DEL ICEBERG
Pero esta importante modificación genética que rodea la palabra “Evangélico” es solamente la punta del iceberg de un plan más extenso. Todo el libro refleja la continua tentativa para cambiar el significado de las palabras que históricamente han pertenecido al vocabulario Evangélico. “Conversión”, “evangelización” y “misión” son algunos de los ejemplos.

Tomemos el término conversión, por ejemplo. Esta palabra acostumbraba a ser el lema de los testigos evangélicos. Los evangélicos la utilizaban para señalar el momento en que pasaban de “no” ser convertidos al momento en que “quedaban” convertidos y creían. De acuerdo con EC la “conversión” es un proceso en curso en lugar de una experiencia de una vez por todas. Estamos en una necesidad permanente de ser convertidos y esto encaja con el punto de vista católico romano “sacramental” de la vida cristiana por el cual dependemos de los sacramentos de la iglesia desde el principio al fin.

EC desmonta el significado genuinamente Evangélico de la palabra conversión y la reconstruye diciendo que es un proceso de toda la vida que ocurre plenamente en el sistema sacramental de la Iglesia Católico Romana. Nosotros usamos la misma palabra pero significa cosas diferentes.

Algunos evangélicos puede que crean engañados que EC es Evangélico en el sentido teológico e histórico, pero no lo es. Es puro catolicismo romano que toma el celo “Evangélico” psicológico y sociológico y lo incorpora a la fe católico romana tradicional.

EC es un “trasplante de cerebro” de la palabra “Evangélico” y va dirigido a hacer una nueva programación radical. Implica que el antiguo uso no puede valer por sí mismo y tiene sentido sólo si está unido al Catolicismo Romano. Por supuesto, actuamos en un mundo de palabras de libre mercado y es perfectamente legítimo que los grupos de presión traten de cambiar el significado de los vocablos. Nadie puede reclamar que las palabras sean de su propiedad, pero todo el mundo debería sentirse afectado cuando un plan tan radicalmente revisionista es puesto en acción.

Empezamos con Sócrates y terminamos con Virgilio. En la Eneida se nos dice como los griegos capturaron la ciudad de Troya después de un largo pero infructuoso asedio.

La historia del caballo de Troya nos enseña como lo que parecía que iba a ser una victoria resultó ser una devastadora derrota. EC puede aparecer como un proyecto amistoso evangélicamente y podemos desear darle la bienvenida. En realidad es un valiente intento desde el punto de vista intelectual para redefinir lo que Evangélico significa, manteniendo la misma ortografía pero dándole una significación católica. Es un mundo totalmente diferente.

Traducción: Rosa Gubianas

56. Left Without Words. How Roman Catholicism is Reshaping the Evangelical Vocabulary

April 1st, 2013

“The beginning of wisdom is the definition of words” (Socrates). If you define a word in a certain way you make claims about reality. Our postmodern culture has stirred us to come to terms with the fact that words do not have stable meanings but exist in an flux that drives them in one way or another depending on the interests of their users. This is the current situation of the word “Evangelical”.

A Short History of the Word Evangelical

There was a time in which the word “Evangelical” meant something like this: Biblically, it was defined around the evangel (i.e. the Gospel) as it is truly witnessed in Scripture. Historically it has referred to the XVI century Protestant Reformation and the Evangelical Revivals of subsequent centuries. Doctrinally, it has pointed out to Christian orthodoxy, focusing on the formal principle of Biblical authority (Sola Scriptura) and the material principle of justification by faith alone (Sola gratia and Sola Fide). Experientially, it has majored on the need of personal conversion resulting in a transformed life. Religiously, it has distinguished itself from (often opposed to) Roman Catholicism, Eastern Orthodoxy, and Liberalism. From John Wycliffe (doctor evangelicus) to Carl Henry, from Martin Luther to John Stott, from Pietism to the Lausanne Movement, there has been a loosely defined, yet shared meaning of the word which was also accepted by non-Evangelicals. It is true that Evangelicals have always discussed the minutiae of what Evangelical really means, of its ins and outs. There are entire bookshelves that are dedicated to these important, at time fierce, debates. Yet the word has retained a rather stable meaning that has fostered common identity and a sense of belonging, well describing a “Christian family” throughout the centuries and in our global world.

We are now witnessing a new attempt to get a handle on the word “Evangelical” in order to give it an altogether different meaning.

Evangelical Catholicism and the Current Genetic Modification

The recent book by George Weigel, “Evangelical Catholicism” (New York: Basic Books, 2013) is a clever attempt to re-engineer the word by overlooking its Biblical focus, by severing its historical roots and replacing them with other roots, by changing its doctrinal outlook, by staffing its experiential ethos differently, and by renegotiating its religious use. In other words, this is a genetic modification of a word.

The basic thesis of the book is that Evangelical Catholicism (EC) is a qualifier of present-day Roman Catholicism as it stemmed from the magisterium of Pope Leo XIII (1878-1903), was expounded by Vatican II (1962-1965), found its champion in John Paul II (1978-2005), and was again reinforced by Benedict XVI (2005-2013). It is a new account of the word Evangelical. Whereas previous scholarship referred to this time in Catholic history as marked by “ressourcement” (i.e. re-appropriation of sources: Scripture and Tradition) and “aggiornamento” (i.e. update of approach, not of doctrine), Weigel calls it “Evangelical” Catholicism.

According to Weigel, Evangelical is a qualifying adjective, not a noun. The noun which carries “thick” meaning is Catholicism. Curiously, what used to be termed as “Roman Catholicism” is now shortened to “Catholicism” alone. All the Roman elements of Roman Catholicism are nonetheless part of EC: sacraments, Mariology, hierarchy, traditions, papacy, devotions, etc. To this “Catholicism” Weigel adds the adjective “Evangelical,” which basically refers to the depth of convictions and the passion to make them known. EC is a full orbed Roman Catholicism practiced with strong impetus and missionary zeal. Catholicism is the doctrinal and institutional hardware, while “Evangelical” is the sociological and psychological software. While doctrine deeply remains Roman Catholic, the spiritual mood is called Evangelical.

The Tip of the Iceberg

The major genetic modification surrounding the word “Evangelical” is just the tip of the iceberg of a bigger plan. The whole book mirrors the on-going attempt to change the meaning of words that have historically belonged to the Evangelical vocabulary. “Conversion”, “evangelization”, and “mission” are some examples.

Take conversion for example. It used to be a catchword for Evangelical witness. Evangelicals used it in pointing out the time when they were “not” converted and the time when they “got” converted and believed. According to EC, “conversion” is an on-going process instead of a once-and-for-all experience. We stand in permanent need of being converted and that fits the “sacramental” Roman Catholic view of the Christian life whereby we depend on the sacraments of the Church from beginning to end. EC deconstructs the Evangelical meaning of the word conversion and reconstructs it by saying that it is a life-long process that fully occurs in the sacramental system of the Roman Catholic Church. We use the same word but mean different things.

Evangelicals may think that EC is Evangelical in the historical and theological sense, but it is not. It is Roman Catholicism that takes the sociological and psychological “Evangelical” zeal and embodies it into the traditional Roman Catholic faith. EC is a brain transplant of the word “Evangelical” and is aimed at radically re-programming it. It implies that the old use could not stand on its own and that it makes sense only if it is attached to Roman Catholicism. Of course, we operate in a free-market world of words and it is perfectly legitimate for pressure groups to try and change the meaning of words. Nobody can claim words to be their property, but everybody should be concerned when such a radically revisionist plan is put in action.

We started with Socrates and we end with Virgil. In the Aeneid, we are told how the Greeks captured the city of Troy after a long but fruitless siege. The story of the Trojan horse tells us how what seemed to be a victory turned out to be a devastating defeat. EC may appear as an Evangelically friendly project and we may want to welcome it. In actual fact it is an intellectually courageous attempt to re-define what Evangelical means, maintaining the same spelling but giving it a Roman Catholic meaning. It is a different world altogether.

Leonardo De Chirico
leonardo.dechirico@ifeditalia.org

 

Senza parole. Il tentativo cattolico di ridefinire il termine “evangelico”

1 aprile 2013

recensione a: George Weigel, Evangelical Catholicism. Deep Reform in the 21st-Century Church, New York, Basic Books 2013, pp. 291.

“Il principio della sapienza è la definizione delle parole” (Socrate). Se si definisce una parola in un certo modo si fa un’affermazione sulla realtà. La nostra cultura postmoderna ci ha instillato l’idea che le parole non abbiano significati stabili, ma esistono in un flusso che le guida in un modo o nell’altro a seconda degli interessi dei loro utilizzatori.

Questa è la situazione attuale della parola “evangelico”. C’è stato un tempo in cui la parola “evangelico” significava qualcosa di simile a questo: biblicamente, ciò che dice l’evangelo secondo l’insegnamento della Scrittura. Storicamente, in riferimento alla Riforma protestante del XVI secolo Riforma protestante e ai risvegli evangelici dei secoli successivi. Dottrinalmente, è stato un sinonimo dell’ortodossia cristiana, con particolare attenzione al principio formale dell’autorità biblica (Sola Scriptura) e al principio materiale della giustificazione per la sola fede (Sola gratia e Sola Fide). Dal punto di vista spirituale, il termine è stato usato per sottolineare la necessità della conversione personale risultante in una vita trasformata. Sul piano religioso, evangelico ha contraddistinto un movimento distinto rispetto al cattolicesimo e all’ortodossia orientale, così come diverso dal liberalismo. Da John Wycliffe (doctor evangelicus) a Carl Henry, da Martin Lutero a John Stott, dal pietismo al Movimento di Losanna, vi è stato un significato vagamente definito, accettato anche dai non-evangelici. E’ vero che gli evangelici hanno sempre discusso le minuzie di ciò che significa veramente. Ci sono interi scaffali di biblioteche che sono dedicati a questi importanti dibattiti. Eppure, la parola ha conservato un significato piuttosto stabile che ha favorito un’identità comune e un senso di appartenenza nel corso dei secoli e nel nostro mondo globale. Ora stiamo assistendo a un nuovo tentativo di significare la parola “evangelico”, al fine di darle un volto del tutto diverso.
Questo libro di Weigel è un tentativo intelligente di riprogettare la parola recidendo le sue radici storiche e sostituendole con altre radici, cambiando la sua prospettiva dottrinale, e rinegoziando il suo uso religioso. In altre parole, questa è una modificazione genetica di una parola. La tesi di fondo del libro è che il cattolicesimo evangelico (CE) è una qualifica del cattolicesimo romano a partire dal magistero di Papa Leone XIII (1878-1903), passando dal Concilio Vaticano II (1962-1965), e che ha trovato il suo esponente principale in Giovanni Paolo II (1978-2005) ed è stato ancor più rafforzato da Benedetto XVI (2005-2013). Si tratta di una nuova narrazione della parola che ingloba il “ressourcement” (cioè la ri-appropriazione delle fonti: Scrittura e Tradizione) e l’”aggiornamento” (cioè aggiornamento di approccio, non di dottrina).
Secondo Weigel, evangelico è un aggettivo qualificativo, non un sostantivo. Il nome che porta significato e sostanziale è cattolicesimo. Tutti gli elementi romani del cattolicesimo romano sono comunque parte del CE: i sacramenti, la mariologia, la gerarchia, le tradizioni, il papato, le devozioni, ecc. A questo “cattolicesimo” Weigel aggiunge l’aggettivo “evangelico”, che si riferisce essenzialmente alla profondità delle convinzioni e alla passione con cui le si fa conoscere. Il CE è un cattolicesimo a tutto tondo praticato con forte impulso e slancio missionario. Il cattolicesimo è la dottrina e l’hardware istituzionale, mentre “evangelico” è il software sociologico e psicologico. Mentre la dottrina rimane profondamente cattolica, lo stato d’animo spirituale è definito evangelico.
La principale modifica genetica che intacca la parola “evangelico” è solo la punta dell’iceberg di un piano più grande. Tutto il libro rispecchia il tentativo in corso di cambiare il significato delle parole che storicamente appartenevano al vocabolario evangelico. “Conversione”, “evangelizzazione” e “missione” sono alcuni esempi di parole che sono oggetto di risemantizzazione. Si prenda ad esempio la conversione. E’ stata uno slogan per la testimonianza evangelica. Gli evangelici la usavano per segnalare il momento in cui, da non convertiti, sono stati convertiti credendo in Gesù Cristo. Secondo il CE, invece, la “conversione” è un processo, non una esperienza puntilineare. Ci troviamo nella necessità permanente di essere convertiti e qui si inserisce la visione “sacramentale” del cattolicesimo per la quale noi dipendiamo dai sacramenti della Chiesa, dall’inizio alla fine. Il CE di Weigel decostruisce il significato evangelico della conversione e lo ricostruisce dicendo che si tratta di un processo di tutta la vita che si verifica pienamente all’interno del sistema sacramentale della Chiesa cattolica romana. Usiamo la stessa parola, ma intendiamo cose diverse.
Gli evangelici possono pensare che il CE è evangelico in senso storico e teologico, ma non lo è. E’ il cattolicesimo romano che prende lo zelo “evangelico” e lo incardina nella fede tradizionale cattolico-romana. Naturalmente, operiamo in un mondo di libero mercato delle parole ed è perfettamente legittimo che gruppi di pressione cerchino di cambiare il significato delle parole. Nessuno può pretendere la proprietà delle parole, ma tutti dovrebbero essere consapevoli di quando un simile piano revisionista viene messo in atto.

55. La luna del Vaticano es de miel… de momento

01 DE ABRIL DE 2013

La luna de miel es ese tiempo especial cuando dos recién casados viven su relación sentimental formalizada, o sea, un tiempo romántico y encantador. Durante este tiempo, cada miembro de la pareja únicamente percibe y realza los mejores rasgos del amado, pero no ve los defectos.

Las lunas de miel, por lo general, duran un corto período de tiempo al que le siguen unas apreciaciones más realistas y críticas con el otro.

Es interesante observar es lo que ocurre en la vida pública. En nuestra cultura de famosos, las lunas de miel con figuras globales acostumbran a ser frecuentes y apasionadas. Una vez que una persona es elegida para un cargo importante, la opinión pública tiende a empezar un “affaire” con la nueva y poderosa figura, seleccionando y alabando todos sus méritos y pasando por alto el resto de aspectos menos positivos, al menos al principio.

Esto es lo que está sucediendo con el Papa Francisco después de su elección al papado. Está produciéndose una luna de miel global. Entre las múltiples facetas de la misma (p. e., en círculos católicos internos o en círculos ecuménicos), hay dos puntos de vista primordiales que son dignos de consideración.

LA LUNA DE MIEL SECULAR
Los comentarios de la prensa internacional han sido muy generosos, por no decir entusiastas, hasta ahora.

La imagen de Francisco se percibió como “real”, “con los pies en el suelo”, “personal”, “humilde”; algo muy diferente con la regia arrogancia de los papas más tradicionales.

Sus referencias al cuidado del medio ambiente, la pobreza y la ternura fueron sumamente alabadas y entendidas como muy políticamente correctas. Su insistencia en “la misericordia” se comprendió como una puerta abierta a los diferentes estilos de vida sexuales y a las elecciones morales, alejándose de una actitud crítica por parte de la iglesia. Su disposición a mezclarse entre la gente y su comportamiento relajado por lo que al protocolo se refiere, se consideraron como pruebas de su deseo de identificarse con las personas normales y de vida corriente.

La prensa internacional decidió evitar y considerar irrelevante la relación del Cardenal Bergoglio con el pasado político argentino. No se efectuó ninguna investigación adicional concerniente a los “oscuros” años de los regímenes totalitarios y al papel de la Iglesia Católica en la América Latina.

Su fuerte postura contra los matrimonios homosexuales en su país se olvidó. Sus posiciones más bien conservadoras en los temas morales, sencillamente se pasaron por alto.

A diferencia de su predecesor, que era un teólogo público con varios libros editados, el Papa Bergoglio no tiene ningún récord de ser un “maitre-à-penser” católico.

Las personas que conocen a todo su “staff” dicen que el papa Francisco está en la misma página que Benedicto XVI en lo que se refiere a defender la tradicional posición de la Iglesia Católica en estas áreas. A pesar de todo, la prensa secular se enamoró de Francisco.

¿Por qué?

Puede que exista una explicación sociológica a este problema. En este tiempo marcado por una crisis social, una ruptura cultural y una incertidumbre económica, la gente está ansiosa por encontrar a alguien que le inspire confianza y le infunda esperanza.

Alguien que sea poderoso pero que, no obstante, dé la impresión que está en el mismo barco que nosotros. Una figura paternal positiva que pueda hablar palabras sencillas de amor y repartir caricias psicológicas.

Alguien que pueda identificarse con la gente, enviando el mensaje de “Yo estoy con vosotros”, luchando con los mismos retos y ayudando a todos a superarlos. Un “mesías” seglar que proclama un “evangelio suave” de compasión y capacidad de recuperación.

En sus primeros días como Papa, el Papa Francisco ha cumplido con las expectativas; al mundo laico le disgusta enormemente “la” Iglesia pero ama al Papa célebre. ¿Qué va a pasar cuando empiece a pronunciar las “duras” palabras de la Iglesia Católica?La ironía de todo esto es que el cínico, suspicaz y desencantado mundo moderno fue re-encantado por un hombre que usa el nombre de un santo profundamente religioso, medieval y primitivo.

LA LUNA DE MIEL EVANGÉLICA
Los comentarios procedentes del mundo evangélico también estuvieron marcados por la actitud de luna de miel. Las declaraciones oficiales y las redes sociales emitieron reacciones entusiásticas tras su elección. “Hombre de Dios”, “amigo de Jesús”, “hombre de oración” … fueron algunos de los comentarios más comunes.

Francisco también fue aclamado como el nuevo héroe nacional o incluso continental del que sentirse orgulloso, el nuevo Diego Armando Maradona (de mi generación) u otro Lionel Messi, es decir, un hombre que personifica las expectativas de una nación entera, alguien con quien el pueblo evangélico también desea identificarse.

Con el debido respeto, la idea de un hombre de Dios cristocéntrico orando a María y a los santos, inclinándose ante un icono y encomendándose él mismo y su auditorio al cuidado de María, es difícil de aceptar desde un punto de vista evangélico.

Y esto fue exactamente lo que el papa Francisco hizo el primer día de su papado. Nadie niega la profunda espiritualidad de Francisco ni su piadosa devoción. El problema radica en el discernimiento evangélico que tiende a seleccionar unos pocos aspectos aparentemente positivos y olvida los negativos. El resultado es una imagen truncada en el mejor de los casos y una evaluación falsa en el peor de ellos.

El movimiento evangélico global no tiene celebridades que puedan compararse con las provenientes del mundo de la música, del deporte y de la política. El papa Francisco aparentemente llena este vacío. A diferencia de su cerebral predecesor, sabe como hablar al corazón; sabe como abrazar a la gente.

Los comentarios evangélicos están en gran parte basados en anteriores relaciones personales con el antiguo Cardenal Bergoglio. Una vez más, nadie duda ni por un momento, de la integridad y de la cordialidad del Papa, pero al hombre nunca puede separársele de su papel y su lealtad a su misión jesuita, la cual ahora también es papal.

La orden jesuita fue fundada en 1534 por Ignacio de Loyola y en su turbulenta historia siempre han estado comprometidos como “soldados” del Papa con el fin de luchar contra la herejía (protestante) y promover la misión católica en el mundo.

Francisco es el primer jesuita que llega a ser Papa y el tiempo dirá hasta que punto su papado será jesuítico, especialmente en América Latina donde la frontera evangélico-católica se está desplazando. ¿Será capaz el Papa Jesuita de detener la expansión evangélica? ¿Conseguirá llevar de vuelta a sus fieles al redil católico? ¿Podrá embelesar a los evangélicos con sus modales sin cambiar los puntos doctrinales que están en controversia? ¿Continuará siendo la doctrina bíblica un tema para los evangélicos cuando tratan con la Iglesia Católico Romana al más alto nivel?

Cualquiera que sea consciente de la historia debería considerar cuidadosamente estas cuestiones. Seguramente el Espíritu es capaz de obrar milagros incluso en las instituciones tradicionales, pero la Biblia nos advierte que no nos olvidemos de la historia. Las relaciones personales son importantes, pero el discernimiento bíblico es superior. Exige conciencia teológica, atención histórica y vigilancia espiritual.

La luna de miel con el Papa Francisco continúa. Sin embargo, el talante de la opinión pública puede cambiar de repente cuando la misión completa del Papa sea expuesta y visible de forma completa.

Lo que parecía ser un matrimonio prometedor puede convertirse en un doloroso divorcio.

En cuanto a los cristianos que están experimentando la luna de miel, será conveniente que no olviden la advertencia de Jesús de no dejar el “primer amor” (Apocalipsis 2:4) y que ésta sea un recordatorio constante de la necesidad de amar y seguir a Cristo y sólo a Cristo.

Traducción: Rosa Gubianas

54. Tres tareas del papa Francisco

En su primer discurso la figura más citada fue la Virgen María a quien se encomendó. Su primera cita su primer día de papado fue la basílica mariana de Sta. Mª la Mayor para pedir a María guía y ayuda.

24 DE MARZO DE 2013

La elección del Cardenal Bergoglio al papado responde a tres asuntos fundamentales que el cónclave consideró que era necesario abordar. Estos argumentos ayudaron a dibujar el perfil del nuevo Papa y el Cardenal Bergoglio encajaba en el mismo.

En su primer y corto discurso frente a la multitud que le aplaudía en la Plaza de San Pedro, la figura más citada fue la de la Virgen María a quien se encomendó él y su predecesor.

Su primera cita en su primer día de papado fue una visita a la basílica mariana de Sta. María la Mayor de Roma para pedir a María su guía y su ayuda. Una manera más jesuítica que franciscana de empezar un papado.

LA TAREA TRANSICIONAL
Nadie en la curia dirá nunca que el reinado de Benedicto XVI fue un fracaso. Sin embargo, la impresión es que la elección del Papa Bergoglio es un reconocimiento implícito de que el papado anterior no logró todo lo que de él se esperaba, especialmente en lo referente al principal punto de la agenda, es decir, las relaciones con el Occidente laico. Tras ocho años de reinado de Benedicto, el Occidente secular se ha vuelto más distante de la Iglesia y también más crítico con la misma. Además, la Iglesia curial ha dado el más pobre resultado en términos de falta de normas cristianas. Por consiguiente, la Iglesia necesitaba un Papa diferente.

Entre el tradicional y todavía secularizado Occidente y el vibrante, aunque todavía “joven”, Sur Global, el cónclave ha escogido la clásica “via media”, o “camino del medio”.

El Papa Bergoglio nació en Argentina en el seno de una familia italiana. Es latino americano pero con orígenes europeos. Encarna la transición entre el “establishment” occidental y el fervor de los habitantes del Sur. Tal vez el cónclave creyó que si elegía a un Papa africano o asiático habría resultado un tramo demasiado largo e injustificado. Por otra parte, adherirse a otro Papa europeo habría sido demasiado de un movimiento geopolítico conservador que la Iglesia no puede soportar. El Papa Bergoglio es una figura intermedia. Diferente pero no extraña. Parecida pero no es una réplica.

También es una figura de transición en cuanto a su edad(76 años). No es un Papa “joven” con la expectativa de un papado largo, ni es tampoco un Papa “anciano” con poco tiempo por delante. Su papado pondrá a prueba la voluntad de la Iglesia de Roma
de ir más allá de la posición inmovilista de los años recientes, pero puede que no tenga el tiempo suficiente para ver realizados los cambios. El cónclave no encomienda largos papados a la Iglesia Católica (como el de Juan Pablo II), pero en cambio ha optado por mantener el futuro a la vista, a la espera de ver como se desarrollará este papado. Al mismo tiempo la jerarquía se reserva el derecho de hacer cambios si lo considera necesario.

Al Papa Bergoglio se le presenta como un “outsider”, pero en realidad no lo es. Apoyado por el Cardenal Martini, Bergoglio fue finalista en el cónclave de 2005, en el que Ratzinger se convirtió en Benedicto XVI. Es bien conocido por los cardenales y fue aparentemente considerado “fiable” por el cónclave.

En la lista de los principales candidatos antes del cónclave estaba el brasileño Scherer, otra figura transicional. A Scherer, no obstante, se le percibía al parecer muy implicado en la política de la curia romana para ser capaz de liberarse de sus maniobras. Bergoglio está integrado pero no está vinculado corporativamente con el mundo curial.

LA TAREA APOLOGÉTICA
El nombre escogido por el Papa Jesuita es Francisco. Mencionó que Francisco es una referencia a Francisco de Asís (1181-1226). La prensa internacional acentuó mucho este simbolismo franciscano y, por lo visto, le gustó. Aparentemente combinará la agudeza jesuita con el énfasis en la pobreza y la austeridad. Esta decisión tiene que ver con la voluntad de marcar una transición apologética tratando de conquistar el mundo moderno.

Ratzinger se dirigió al mismo dando conferencias como un profesor, pero a Occidente no le gustan los maestros individualistas y verticalistas. Ratzinger argumentaba sus posiciones de una forma muy hábil e intelectual, pero Occidente prefiere las celebridades que puedan encender su imaginación. Ratzinger denunciaba el relativismo moral de nuestros días, pero a Occidente no le gusta la gente que no practica lo “políticamente correcto” de aceptarlo todo. La estrategia de Ratzinger terminó en inmovilismo.

El Papa Francisco comenzó su papado con un estilo apologético muy diferente. Accesible, normal, corriente, le gusta estar con la gente, hablar su lenguaje y hacer su mensaje sencillo. Ratzinger subrayaba “la fe y la razón”, en cambio Francisco es probable que ponga el énfasis en “la misericordia y la sencillez”. Ratzinger se dirigía a Occidente como teólogo; Francisco es posible que insista en la humanidad común de todos. La diferencia es significativa.

¿Llegará la Iglesia a ser pobre y mansa? ¿Dará prioridad a un estilo de vida más sencillo? ¿Pondrá un mayor énfasis en sus labores espirituales que en sus intereses seglares?

Una cosa que debe recordarse es que Francisco de Asís no quería reformar toda la Iglesia, sino que deseaba obtener el derecho, por parte de la iglesia oficial, de vivir en la pobreza con su círculo de amigos. Anhelaba un lugar apropiado para proseguir con sus ideales evangélicos, dejando intacto el aparato de la iglesia imperial. La Iglesia de su tiempo le dio de buena gana lo que quería porque no se sentía amenazada por él.

Veremos si el Papa Francisco conseguirá que la pobreza evangélica deje de ser un lugar de unos pocos idealistas y se convierta en el estándar de la Iglesia mundial. Si es éste el caso, tendrá que examinar a Pedro Valdo (1140-1218) a quien le gustaba que Francisco practicara la pobreza evangélica, pero desafió a la iglesia oficial a hacer lo mismo. Francisco fue integrado y Valdo fue perseguido.

LA TAREA GEOPOLÍTICA
Un pensamiento final sobre el significado geopolítico de la elección. El Papa Bergoglio viene de un país donde, en las últimas décadas, el statu quo secular , que vio el catolicismo romano siendo la religión dominante, ha sido sacudido por el crecimiento de las iglesias evangélicas y nuevos movimientos religiosos de varias clases.

Este fenómeno diseña una nueva geografía espiritual del país. Lo mismo puede decirse de otros países latinoamericanos. Es interesante que la Iglesia Católica elija un Papa procedente de América Latina y le encomiende la misión de supervisar y presidir este espacio religioso continental que ha llegado a ser diluido por no decir débil. La respuesta tradicional al crecimiento numérico de los evangélicos ha sido etiquetarlos como “sectas” y “cultos”, pero este enfoque despectivo no detiene a los millones de personas que abandonan la Iglesia Católica. Ahora, el mismo Papa estará directamente implicado en rescatar el continente.

Algo importante está sucediendo en América Latina y el riesgo de perder el continente hizo que se considerara la necesidad de encauzarlo al más alto nivel.

El Papa Francisco es una figura de transición. El tiempo demostrará de qué forma será latinoamericano, curial, jesuita y franciscano.

Traducción: Rosa Gubianas